Heberto Guillermo Corea Guerrero.
13 de septiembre 2020. Conmemorando
nuestra semana Patria.
60 años después. El que quiera leer,
que entienda.
Hoy presento carta enviada a Raúl Castro por
Sacerdotes radicados en cuba.
Carta enviada a Raúl Castro el pasado 24 de enero
por los sacerdotes cubanos Padre Castor José Álvarez de Devesa, Cura del
Modelo, Camagüey, el Padre José Conrado Rodríguez Alegre, Párroco de San
Francisco de Paula, Trinidad, Cienfuegos, y el Padre Roque Nelvis Morales
Fonseca, Párroco de Cueto, Holguín:
A Raúl Castro Ruz en el XX aniversario de la
Misa por la Patria presidida por San Juan Pablo II y las palabras de Mons.
Pedro Meurice en la Plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba, el 24 de enero de
1998.
El pasado primero de enero se ha
conmemorado el 59 aniversario del triunfo de una Revolución. Una Revolución
necesaria ante las atrocidades cometidas impunemente por un poder que se había
vuelto contra este pueblo. Muchos lucharon y muchos murieron por dar a sus
hijos una Cuba donde se pudiera vivir en libertad, en paz y prosperidad.
Hoy, casi seis décadas después, tenemos
argumentos suficientes para evaluar qué hemos vivido en nuestra tierra.
Desde la institucionalización del Partido
Comunista como el único partido autorizado a existir, nunca se ha permitido a
este pueblo alzar una voz diferente, antes bien, toda voz diferente que ha
intentado hacerse oír ha sido silenciada.
Este estilo totalitario ha permeado cada capa
de la sociedad. Los cubanos saben que no tienen libertad de expresión, se
cuidan para decir lo que piensan y sienten, porque viven con miedo, muchas
veces incluso, de aquellos con quienes conviven cada día: compañeros de
escuela, de trabajo, vecinos, conocidos y familiares. Convivimos en un
entramado de mentiras que va desde el hogar hasta las más altas esferas.
Decimos y hacemos lo que no creemos ni sentimos, sabiendo que nuestros
interlocutores hacen lo mismo. Mentimos para sobrevivir, esperando que algún
día este juego termine o aparezca una vía de escape en una tierra extranjera.
Jesucristo dijo: “la verdad los hará libres”. Queremos vivir en la verdad.
El monopolio y control de los medios de
comunicación social hace que nadie pueda acceder a medios públicos de
comunicación de modo libre. Del mismo modo, no existe, una educación
alternativa. Todo niño cubano tiene la obligación de escolarizarse y acceso a
la escuela, pero a un solo modelo de escuela, a una sola ideología, a la
enseñanza de un único modo de pensar. Los cubanos tienen el derecho a tener
alternativas educacionales y opciones para la educación del pensamiento, los
padres cubanos tienen el derecho a elegir qué tipo de educación desean para sus
hijos.
Es lamentable el desamparo económico que vive
este pueblo, obligado por las circunstancias a mendigar la ayuda de familiares
que lograron marchar al extranjero o a los extranjeros que nos visitan; a
aplicar la justa compensación o a robar todo lo que puede, renombrando al robo
con palabras delicadas que ayuden a la conciencia a no mostrarse en toda su
crudeza. Muchas familias carecen de una economía mínimamente estable que les
permita adquirir serenamente lo básico para vivir. Comer, vestir y calzar a los
hijos es un problema cotidiano, el transporte público es un problema, incluso
el acceso a muchos medicamentos es un problema. Y en medio de este pueblo que
lucha por sobrevivir, se inserta el sufrimiento callado de los ancianos, muchas
veces silenciosamente desprotegidos. ¿Cómo se puede decir que es del pueblo, el
capital que el pueblo no decide qué se hace con él? ¿Cómo mantener las
necesarias instituciones públicas si no se cuenta con los recursos necesarios?
¿Por qué se invita a que vengan extranjeros a invertir con su dinero y no se
permite invertir a los cubanos en igualdad de oportunidades? Los cubanos tienen
derecho a participar como inversores en la economía y en las negociaciones de
nuestra patria.
Y a todo esto se suma la falta de libertad
religiosa. La Iglesia es tolerada, pero no deja de ser vigilada y controlada.
Se reduce la plena libertad religiosa con una controlada libertad de permisos
de culto. Los cristianos pueden reunirse a compartir su fe, pero no les es permitido
construir un templo. La Iglesia puede hacer procesiones e incluso misas
públicas, pero siempre a condición de un permiso expreso de las autoridades
que, de no otorgarlo, no permite apelación ni da explicación. La Iglesia puede
alzar su voz en los templos, pero no tiene acceso libre a los medios masivos de
comunicación y, en los escasos momentos en que esto ocurre, es siempre bajo
censura. Los laicos son censurados cuando intentan aplicar a la práctica
política y social su fe.
Esta dinámica social que ha resultado en
Cuba, ha olvidado a la persona, su dignidad de hijo de Dios y sus derechos
inalienables; casi 60 años después de que este pueblo creyera en un ideal que
siempre se pospone y nunca se realiza. Cuando alguien cuestiona, cuando alguien
alza la voz, sólo encuentra vulnerabilidad y exclusión.
Queremos un país donde se respete más la vida
desde su concepción hasta la muerte natural, donde se fortalezca la unión de la
familia y se cuide el matrimonio entre un hombre y una mujer; en el que las pensiones
alcancen a nuestros ancianos para vivir; en el que los profesionales puedan
vivir dignamente con sus salarios; en el que los ciudadanos puedan convertirse
en empresarios y haya más libertad de trabajo y contratación para los
deportistas y artistas. Los jóvenes cubanos deberían encontrar posibilidades de
trabajo que les permita desarrollar sus talentos y capacidades aquí y no vean
como única salida irse de Cuba.
Tenemos una legalidad supeditada a un poder,
la ausencia de un “Estado de Derecho”. Se hace imprescindible la clara
distinción e independencia de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y
judicial. Queremos que nuestros jueces no sean presionados, que la ley sea
orden, que la ilegalidad no sea una manera de subsistir o un arma de dominio. Que
nuestro Capitolio se llene de legisladores que, con pleno poder, representen
los intereses de sus electores.
Nuestro pueblo está desanimado y cansado,
existe un estancamiento que se resume en dos palabras: sobrevivir o escapar.
Los cubanos necesitan vivir la alegría de “pensar y hablar sin hipocresía” con
distintos criterios políticos. Estamos cansados de esperar, cansados de huir,
cansados de escondernos. Queremos vivir nuestra propia vida.
Esta carta tiene también un propósito, que es
un derecho: Queremos elegir en libertad. En Cuba hay votaciones, no elecciones.
Urgen elecciones donde podamos decidir no sólo nuestro futuro, sino también
nuestro presente. Ahora se nos invita a “votar”, a decir “sí” a lo que ya
existe y no hay voluntad de cambiar. Elegir implica, de por sí, opciones
diferentes, elegir implica la posibilidad de tomar varios caminos.
Si escribimos esta carta es para evitar que
un día, por alguna circunstancia, Cuba se sumerja en cambios violentos que sólo
añadirían más sufrimiento inútil. Todavía tenemos tiempo de hacer un proceso
progresivo hacia una pluralidad de opciones que permita un cambio favorable
para todos. Pero el tiempo se acaba, apremia abrir la puerta.
De nada sirve ocultar la verdad. De nada
sirve fingir que no pasa nada. De nada sirve aferrarse al poder. Nuestro
Maestro Jesucristo nos dice a los cubanos hoy: “¿De qué le sirve al hombre
ganar el mundo entero, si arruina su vida?” Estamos a tiempo de construir una
realidad diferente. Estamos a tiempo de hacer una Cuba como la deseaba Martí:
“con todos y para el bien de todos”.
A la intercesión de la Virgen de la Caridad,
Patrona de Cuba, nos encomendamos. Ella, Madre de todos los cubanos, interceda
ante el Señor de la historia que, como dijo en Cuba, Su Santidad Benedicto XVI:
“Dios no solo respeta la libertad humana, sino que parece necesitarla”, para
que podamos elegir siempre el bien mayor para todos.